Coste de producción y precio de venta: cómo se pasa de un número al otro

Por Luis Cuesta, asesor de negocios artesanales. Más de 15 años montando y asesorando negocios, y un obrador propio en Utrera (Sevilla).

Visto enEl PaísEl EspañolEl Amasadero

El coste de producción no te da el precio de venta. Te da el suelo. Y en realidad te da tres suelos distintos, que es donde está toda la confusión: por debajo del primero pierdes dinero en cada pieza, por debajo del segundo trabajas gratis, y por debajo del tercero no puedes crecer nunca.

Quien pone precio mirando lo que cobra el de al lado se salta los tres. Es el caso de siempre: la hoja de Excel recién abierta y el precio ya decidido desde antes de empezar, porque «es lo que se cobra por aquí». El problema no es que copiar sea poco original: es que estás copiando un número sin conocer la estructura de costes que hay detrás, que es como copiar un examen sin saber si tu compañero aprueba.

Vamos con la cuenta entera. Si todavía no tienes tu coste calculado, hazlo primero: qué es un escandallo y cómo se hace.

Los tres suelos, con números

Seguimos con la hogaza de ejemplo: 1,14 € de coste directo, un obrador que tiene que cubrir 2.155 € al mes entre estructura y sueldo, y una producción de 600 piezas mensuales. Precios inventados.

SueloCuánto esQué significa vender por debajo
1. Coste directo1,14 €Pierdes dinero en cada pieza que haces. Cuanto más vendes, peor.
2. Coste completo4,73 €Cubres los ingredientes pero no la estructura ni tu sueldo. Trabajas gratis y encima pones dinero.
3. Coste completo + el beneficio que necesitas5,56 €Sobrevives pero no puedes reponer una máquina, ni cogerte vacaciones, ni aguantar un mal mes.
El suelo 2 sale de repartir los 2.155 € entre 600 piezas: 3,59 € por pieza, más el 1,14 € de coste directo. El suelo 3 añade 500 € de beneficio mensual, que entre 600 piezas son 0,83 € más.

Tres números muy distintos para el mismo pan. Y ninguno de los tres es «el precio»: son el suelo. El precio lo decides tú por encima de ahí, mirando lo que tu cliente valora y lo que estás dispuesto a defender.

Qué pasa si copias el precio del de al lado

En tu pueblo hay quien vende una hogaza parecida a 3,20 €, y decides igualarlo para no quedarte fuera. Esto es lo que acabas de comprar.

Cuenta directa: 3,20 € − 4,73 € de coste completo = −1,53 € por hogaza. Con 600 piezas al mes son 918 € de pérdida mensual. Y esa pérdida crece si vendes más.

Pero hay una segunda cuenta, menos obvia y más útil. A 3,20 €, cada hogaza aporta 2,06 € para pagar la estructura (3,20 menos el 1,14 de coste directo). Para cubrir los 2.155 €:

2.155 ÷ 2,06 = 1.047 hogazas al mes.

Frente a las 495 que necesitarías vendiendo a 5,50 €. Bajar el precio 2,30 € te obliga a más que duplicar la producción solo para quedarte igual. No para ganar más: para no perder.

Esa es la trampa del precio bajo, y por eso es tan difícil salir de ella una vez dentro: te obliga a un volumen que tu obrador probablemente no puede hacer, y si pudiera hacerlo, no te dejaría tiempo para nada más.

Cinco razones por las que el vecino puede vender más barato

La objeción es siempre la misma: «si él lo vende a ese precio, por algo será». Exacto: por algo. Casi siempre por una de estas:

  1. Hace mucho más volumen. Con 3.000 piezas al mes, la misma estructura repartida sale a menos de la mitad por pieza.
  2. Tiene el local en propiedad. Sin alquiler, su coste completo baja de golpe.
  3. Su producto no es el tuyo. Masa congelada, proceso corto, otra harina. Puede estar muy bien, pero cuesta otra cosa.
  4. No se paga sueldo. Es lo más frecuente y lo menos visible: hay negocios que aguantan precios bajos porque quien está dentro no cobra.
  5. Está a punto de cerrar. También pasa, y más de lo que parece. Copiar el precio de alguien que se está desangrando es copiar la ruta hacia la salida.

Ninguna de las cinco es replicable con un cambio de etiqueta. Sobre esto tengo un artículo entero: por qué competir por precio no es una opción en un micronegocio artesanal.

El camino correcto: cuatro pasos del coste al precio

Paso 1: calcula los tres suelos

Los de la tabla de arriba. Con tu escandallo, tu estructura, tu sueldo y tu producción real. Si te falta cualquiera de los cuatro datos, no sigas: el resto no vale nada.

Paso 2: pon el beneficio que necesitas, no el que te gustaría

El beneficio del negocio no es tu sueldo: tu sueldo ya está dentro del suelo 2. El beneficio es lo que necesita el negocio para reponer una amasadora cuando se rompa, para aguantar dos meses flojos y para crecer. Ponle un número concreto al mes.

Paso 3: mira el techo, que no es el precio del vecino

El techo es lo que tu cliente está dispuesto a pagar por tu producto, con tu historia, tu proceso y tu servicio detrás. Y eso no se averigua mirando escaparates: se averigua vendiendo y preguntando.

Una pista útil: si nadie te ha dicho nunca que eres caro, es que probablemente eres barato. Si te lo dicen todos, es otra cosa. Que te lo diga alguno de vez en cuando es lo normal.

Paso 4: decide y calcula la consecuencia

Cada precio que elijas trae un número de piezas asociado. Antes de fijarlo, calcula el punto de equilibrio de ese precio y mírate a la cara: ¿puedes producir y vender esa cantidad?

Si la respuesta es no, el precio está mal aunque el porcentaje de margen sea precioso. La cadena completa del coste al margen y de ahí al beneficio está en margen bruto en un obrador.

El IVA, que se cuela y desordena la cuenta

Tu escandallo va sin IVA. Tu escaparate va con IVA. Y entre los dos números hay una diferencia que mucha gente se come.

Si en la etiqueta de una pieza pones 6,20 € y va al 4 %, lo que de verdad ingresas es 5,96 €. Los 24 céntimos que faltan son de Hacienda, no tuyos. Hazlo con toda tu lista de precios y verás que tu facturación real no es la que tú creías.

Y ojo, porque no todo tu escaparate lleva el mismo tipo. El pan va al superreducido del 4 %, y ahí entra tanto el común como el especial —el de molde, los colines, el de masa madre—; la bollería y la pastelería van al 10 %. Si comparas márgenes entre productos usando precios con IVA, estás comparando peras con manzanas, y encima con dos tipos distintos. Confírmalo con tu gestor, porque el criterio de qué producto va a cada tipo se ha movido más de una vez.

Cuando el mercado no llega a tu coste

Pasa, y hay que decirlo sin adornos. A veces haces la cuenta y el precio que necesitas está por encima de lo que tu zona paga. Hay cuatro salidas y solo cuatro:

  • Bajar el coste. Más volumen por hornada, menos referencias, comprar en el escalón que toca, reducir el invendido. Es la primera que hay que agotar porque no toca ni el precio ni el producto.
  • Cambiar de cliente o de canal. El mismo pan vale distinto en un mercado de pueblo, en una tienda de barrio y en un envío a domicilio. A veces el problema no es el precio: es a quién se lo estás ofreciendo.
  • Cambiar el producto. No hacerlo más barato: hacerlo distinto, de forma que la comparación con el de al lado deje de tener sentido. Ahí entra la conversación sobre el precio del pan artesanal y por qué dos panes que parecen iguales no lo son.
  • No montarlo. Es una salida legítima y la más barata de todas. Un escandallo que te ahorra abrir un negocio que no salía ha hecho su trabajo mejor que ninguno.

Lo que no es una salida es maquillar la hoja. Bajar el sueldo que te has puesto, quitar la merma o poner un volumen optimista no cambia la realidad: solo cambia el momento en que te enteras.

La subida de 20 céntimos

Un último número, porque es el que más veces he visto cambiar una cara.

Ese obrador de 600 hogazas a 5,50 € gana 461 € al mes. Y cuidado aquí, que es justo el punto donde la gente se lía: los 5,50 € son sin IVA. En la etiqueta del escaparate esa hogaza está a 5,72 €. Si sube el precio 20 céntimos netos —o sea, si la etiqueta pasa a 5,93 €—:

  • 600 × 0,20 € = 120 € más al mes, que son tuyos enteros.
  • Sobre 461 € de beneficio, es un 26 % más de beneficio.

Veinte céntimos. Que nadie ve, que nadie comenta y que no le hace cambiar de panadería a nadie. Un cuarto más de beneficio.

Esa es la asimetría de los negocios de margen alto y volumen bajo: el precio es la palanca más potente que tienes y la que menos se toca, casi siempre por miedo. Cómo se sube sin perder clientes lo cuento en cómo fijar precios sin regalar tu trabajo.

Preguntas frecuentes sobre coste de producción y precio de venta

¿El precio se calcula multiplicando el coste por un número?

No hay un multiplicador que valga para todos. Esa regla viene de la hostelería y en un obrador pequeño se rompe enseguida, porque no tiene en cuenta el tiempo que lleva cada pieza ni cuántas vendes. Sirve como primer tanteo, no como sistema.

¿Puedo vender por debajo del coste para captar clientes?

Puedes, si es una decisión consciente, acotada en el tiempo y sabes exactamente cuánto te va a costar. Lo que no funciona es hacerlo «hasta que arranque», porque el cliente que entra por precio se va por precio, y subirlo después de un año es mucho más difícil que ponerlo bien desde el principio.

¿Cada cuánto reviso los precios?

Los costes, cada trimestre. Los precios, al menos una vez al año, y siempre que los costes se hayan movido de forma clara. Un precio que no se toca nunca baja solo, porque todo lo demás sube.

¿Hay que avisar de una subida de precio?

En mostrador no hace falta un anuncio, pero sí conviene que quien atiende sepa contestar si alguien pregunta, y que la respuesta sea la verdad: han subido los costes. Con los clientes de pedido recurrente y con los bares, avisar con antelación es lo mínimo, y evita la conversación incómoda del primer albarán.

¿Y si mi producto es mejor pero el cliente no lo nota?

Entonces, comercialmente, no es mejor. Eso no es un problema de precio, es un problema de explicar lo que haces. Y se arregla contándolo, no bajando el número.

Lo que hay que hacer esta semana

Calcula tus tres suelos para el producto que más vendes. Es media hora si tienes el escandallo hecho. Después compáralos con tu precio actual y con el punto de equilibrio que te sale.

Ese es el momento en el que la mayoría de la gente descubre que su problema nunca fue la competencia.

Si estás en la fase de decidir si este negocio te sale o no, en la clase gratuita sobre cómo funciona por dentro una micropanadería repaso estos números con el modelo completo delante: qué se vende, a qué precio, qué margen deja y cuántas piezas hacen falta para vivir de ello.

Siguiente paso

¿Y esto cómo se aplica a tu caso?

Te dejo la clase gratuita donde explico, en diez minutos, el modelo de panadería artesanal con el que trabajo: cómo se monta, de qué vive y qué números tiene que dar antes de invertir un euro.

Ver la clase gratuita

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